SE01EP02: Hangover

Posted on January 26, 2010

SE01EP02: Hangover

(Escena Uno – Habitación)
Sountrack: Wondrous Place – The Last Shadow Puppets

El bueno de nuestro @protagonista, “el” Mr. Orange, se encuentra durmiendo sobre un charco de baba. Esperemos que sea saliva, bah. Seguro que habrá algunos que lo conoce muy bien y dirá que eso no es baba, sino que son resabios biliosos de un vómito que en ese momento se habrá encontrado fuera de cuadro. “Vamos“, dirán, “es Matías y la noche anterior había salido con su @sidekick. ESO tiene que ser vómito“. No le crean a esas falsas suposiciones infundadas. Me conozco. Y ESO es sólo baba.

Desde el techo enfocamos a Orange durmiendo. Una luz pálida entra por la ventana. Puede ser de día o de noche. No importa. Orange duerme vistiendo unos boxers del algodón que @novia le regaló para su cumpleaños. La misma novia que lo abraza y mira la tapa de un libro de Stephen King desde la foto encima de una edición de “Las Uvas de la Ira“.

Verán, la habitación es un desastre. Siempre lo fue. Por el piso hay un bolso del cual sobresalen unos cuadernos, dos pares de ojotas, dos de zapatillas, uno de zapatos, un par de zoquetes, otro de medias, uno dos tres shorts y unas remeras, cables, pelusas, papeles y toda esa mierda que suelen amontonarse en habitaciones desordenadas.

Hace calor. La humedad es la que jode, más que nada. Hay un silencio denso, medio aterciopelado y agobiante. Una tarde pesada. Una mañana pesada. Al teléfono, que empieza a sonar en la mesa de luz, al lado del vaso a medio terminar de jugo de naranja, parece no importarle nada. Orange, dormido, piensa en la cantidad de vecdes que habrá usado ese “parece no importarle nada” o similares en algunas de los tantos poemas y cuentos que terminó quemando o perdiendo o regalando. Se pierde y se duerme.

La cámara baja hacia su cabeza. Orange se gira y se queda durmiendo boca arriba. Duerme tranquilo. La cámara sigue acercándose. El consabido plano en que nos acercamos al @protagonista y este justo abre el ojo y se corta a negro. Sencillo. Nos ganan las ganas que nuestras vidas sean una vida guionada dentro de una peli de serie “b”. Una vida que es como una parodia bizarra y mal filmada de lo que es una vida. Al menos, algunas veces, se siente así.

Nos acercamos a la cara del @protagonista. Abre el ojo. Corte a negro. Suena The Clash en el celular. #Clásico

MATÍAS
(voz en off)
¡¿Qué?!

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SE01EP01: Wasted

Posted on January 19, 2010

SE01EP01: Wasted

Soundtrack: The Grand Duel – Kill BIll Soundtrack

(Escena 1 – Exterior Hotel)

Hay un auto parado frente a un edificio blanco. El sol de la tarde arranca destellos brillantes sobre la chapa pintada de verde, mientras el viento mueve los árboles cerca y las hojas configuran azarosamente nuevas sombras.

Es un hotel, el edificio grande. O una pensión. No hay ruido y la tarde (veraniega, tranquila) empieza a morirse.

Se escucha una ventana romperse, en algún lado.

Al rato, dos muchachos se acercan al vehículo, bajando por la escalera frontal. Uno es FLACO y ruludo, algo chueco y baja masticando chicle. Tararea una canción en voz baja, mientras mueve las manos el ritmo. Un dossier oportuno y preciso diría demasiadas cosas que él no quiere que se sepan, pero que intuye el resto sabe. Tiene una mirada, triste, apagada, que desentona con su buen humor característico. Él es @protagonista.

El otro es alto y ROBUSTO. Muchos dicen que no tanto pero en verdad sí, es robusto. Lleva la cabeza (algo cabezón es también) pelada y un arito prende de su oreja izquierda. Tiene barba de varios días cortada al ras, como suelen usar algunos adolescentes en estos días. Él es el dueño del auto y juega con el manojo de llaves en su mano mientras camina unos pasos más adelante que el flaco. Él vendría a ser @sidekick, por ahora.

Los dos muchachos visten trajes, los mismos que usaron para sus fiestas de graduación, y caminan con algo de aplomo, como si estuvieran cansados. Distraídos, charlan entre ellos.

ROBUSTO

Así que al final lo de Anto resultó ser un bajón, bola.

FLACO

La verdad que sí. Dijo que se había enamorado de un compañero

de la facultad y que no quería saber nada conmigo. Ya sabes
como son de histéricas esas clases de minas.

ROBUSTO

Sí, ya sé. Igual estaba tremenda la hija de puta. Lástima que no
puedas hacértela.

FLACO

Sí, estaba linda. Un lomazo tremendo tiene, además de una mirada

bastante interesante, ¿viste? Como…

ROBUSTO

¿Cómo si te fuera a dejar en cama de la cogida que te pega?

FLACO

Algo así, pero no precisamente

ROBUSTO

¿Entonces cómo?

FLACO

No sé, bola. Difícil de explicar. Qué sé yo. Como si tuviera hambre

de pija pero no precisamente eso, algo por el estilo.

ROBUSTO

No te hagas tanto el bocho. ¿Tampoco ibas a cogertela por los ojos, no?

Llegan al auto. Un coche de lo que se denomina “línea americana“. Ya saben. Esos que salieron justo antes de la crisis de combustible de los setenta y tienen una autonomía cercana a los siete litros por kilómetro. Esos autos enormes y de fisonomía y andares suaves, que se pierden por el orto (o el caño de escape) todo y cada uno de los puntos del Tratado de Kyoto es este que tienen al frente: Un bruto sedán de siete metros de largo y dos de ancho, bien pintado y con varios detalles cromados, lo suficientemente grande para que pienses dos veces antes de adelantártele en la ruta con tu Fiat 128.

Abren el baúl y dejan caer los sacos de los trajes, que caen pesados. Ambos quedan en camisas con tirantes y se sienten algo ridículos. Aceptémoslo, no es algo común ver a muchachos jóvenes usando tirantes. Lo saben y por eso sienten esa extraña mezcla de orgullo por vestirte de una forma rara y de vergüenza por verse como un pelotudo. FLACO se arremanga las mangas de su camisa mientras ROBUSTO abre el auto y enciende el motor. Antes de partir, le abre la puerta a FLACO, quien sube.

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